miércoles, 8 de marzo de 2017

El regreso

Escrito en Madrid el 6 de marzo de 2017

Han pasado ya varias semanas de la vuelta a España y de la finalización de nuestra campaña antártica de este año. El trabajo se ha realizado con éxito, hemos conseguido valiosos datos que nos permitirán conocer mejor el comportamiento de los pingüinos en el mar, que factores influyen y como explotan el medio marino en la Antártida.

Faltaba en este blog, contar el viaje de vuelta que por esas felices circunstancias que se suelen dar en la Antártida, nos ha permitido navegar en otro buque diferente del que lo hicimos a la ida y además por una ruta diferente, dándonos la ocasión de disfrutar de nuevos y fantásticos paisajes.

Dejamos pues el lugar que había sido nuestro hogar en las últimas semanas, la isla Decepción y la base antártica española Gabriel de Castilla. La dejamos con la sensación enfrentada por un lado de alegría al volver a casa con nuestras familias y por otra la tristeza de abandonar esas tierras donde hemos disfrutado de grandes momentos y donde dejamos grandes compañeros y amigos con los que hemos estado compartiendo el intenso día a día de la actividad antártica.


El embarque en esta ocasión se realizó en el buque Hespérides, buque insignia del programa polar español y operado por la Armada Española con la gestión científica del CSIC. La travesía del Paso del Drake o Mar de Hoces tuvo lo que tiene que tener para poder contar a la vuelta, momentos de navegación con olas de hasta 7 metros en medio de un mar embravecido pero también momentos de una navegación tranquila que permitía disfrutar del paisaje marino y sobre todo de los dueños y señores de estos ambientes, las aves marinas.



Después de dos días en los que el único paisaje a la vista era la inmensidad del océano avistamos tierra, el temido Cabo de Hornos, unido a lo largo de los tiempos a la historia de naufragios y penalidades.
  
El destino final era Punta Arenas y esto nos dio la ocasión de realizar una maravillosa navegación por el interior de los canales patagónicos, a través de los cuales pudimos ver los restos de naufragios pretéritos que nos recordaban machaconamente la dificultad de navegar en esas regiones. 


También nos permitió disfrutar de buena parte de la fauna marina de la zona como delfines que se acercaban al barco para cruzarse grácilmente por delante de la proa y también de alguna ballena jorobada.



El aspecto de esta región de la tierra es realmente inhóspito y uno puede imaginarse fácilmente las dificultades a las que se enfrentaban los nativos que las habitaban, etnias como los Yamanas o los Selknam también llamados Onas, que vivian en el límite de la supervivencia. Pero también los primeros europeos que avistaban esas costas, Fernando de Magallanes, Sarmiento de Gamboa… nombres míticos de la exploración a las que podemos añadir Fitz Roy y su barco el Beagle que da nombre al primer canal que se encuentra a la llegada al continente americano desde el Océano Atlántico y en el que un joven Charles Darwin daba la vuelta al mundo como naturalista recopilando observaciones y datos cruciales para la historia de la humanidad. 


                                Maqueta del HMS Beagle en el Museo Naval de Punta Arenas

Un laberíntico conjunto de fiordos, bahías, islas y montañas muchas de las cuales probablemente no hayan sido siquiera pisadas nunca por nadie.  Glaciares que se derraman directamente al mar o que terminan en profusas cascadas mostrando las cicatrices recientes de un pasado en el que el hielo era el principal protagonista.



He tenido la suerte de hacer esta navegación en varias ocasiones y es siempre impresionante, hacerla de vuelta es una excelente culminación  de la campaña antártica y un regalo para el espíritu después una vez terminado el trabajo y conseguido los objetivos.


domingo, 12 de febrero de 2017

Un día en la Base Gabriel de Castilla

Escrito a bordo del buque Hespérides en el paso del Drake o Mar de Hoces el 31/1/2017 y terminado en Madrid el día 11/2/2017

Algunas imágenes pueden no corresponder con la campaña 2016/2017

El día comienza de manera musical, es potestad de las personas que ese día estarán a cargo de la limpieza, los llamados “Marías” (término tradicional quizás no muy políticamente correcto en los tiempos que corren), de poner la música que despertará al resto de personal. Este año he tenido una enorme satisfacción que ha sido despertar a la base con la música de la Big Band Toni, donde tengo el gran privilegio de tocar el saxofón.

                                                     Concierto de la Big Band Toni

Una vez  levantados y transitado por el ritual  mañanero de ir al lavabo e ir dando los buenos días al resto de compañeros con los que te vas encontrando por el pasillo, estamos preparados para el desayuno. El salón está listo a nuestra llegada con todo lo necesario para ello, más buenos días para más compañeros con los que nos encontramos en él. Comentarios de los acontecimientos del día anterior y de lo que tendremos el día que empieza y vistazo obligado a la bahía y al mástil de la bandera a través del enorme ventanal. Esto nos muestra el día que tenemos y sobre todo el viento que hace y que determinará nuestro trabajo. Si la bandera cae con elegancia sobre el mástil quedando como una marioneta recogida sobre sus hilos, el día será muy propicio y tranquilo para el trabajo, pero si la bandera está erguida, flamante y estirada como si de una tabla se tratara, vamos a tener un día antártico, mucho viento y grandes dificultades para poder trabajar. Esto suele ser lo más habitual.


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Después del desayuno, toca otro de los rituales, vestirse para la ocasión. Es el momento cebolla en el que te vas colocando las diversas capas de ropa que hace que podamos trabajar en condiciones de viento, frío y humedad. Primero viene el atuendo ninja, llamado así porque nos colocamos la ropa interior térmica, ajustada y generalmente de color negro que da el aspecto característico del guerrero japonés. Vamos aumentando alguna capa más por arriba, suelen ser otras dos o tres más. Ya listos nos acercamos a recoger la comida que nos llevaremos a la pingüinera. También las radios para poder mantener la comunicación con la base en caso de necesidad. Con todo ello, nos dirigimos a nuestro centro neurálgico de operaciones, el iglú semi-humedo, donde tenemos nuestro material de campo incluido nuestras malolientes ropas impregnadas de diversos olores a pingüino. Aquí terminamos de vestirnos del todo y organizamos el material necesario para el trabajo. Y ya estamos preparados para poder comenzar el tránsito desde la base hasta la pingüinera y que ya hemos comentado en otra de las entradas del blog.



En la pingüinera el trabajo se desarrolla durante unas 6 horas en las que vamos llevando a cabo las tareas que tenemos planificadas, básicamente, la captura de los pingüinos previamente seleccionados, la toma de datos y de muestras y en esta ocasión la colocación del dispositivo que nos dará información de su comportamiento en el mar. El trabajo está perfectamente dividido entre las tres personas que somos (Jesús Benzal, Josabel Belliure y yo) aunque en esta ocasión hemos llegado a ser cuatro (Juan Masello), y podría describirse como una autentica coreografía en la cada uno de nosotros sabemos exactamente que hacer y cuando, con el fin de realizar la tarea lo más rápidamente posible y que el pingüino sea liberado cuanto antes para reducir su estrés al mínimo. En este caso, Jesús captura certeramente al individuo en cuestión, 


Josabel rápidamente coge a los pollos para protegerlos de un posible ataque del skua y para evitar que pierdan calor. Josabel comienza la tarea de medir y pesar tanto al adulto como a los pollos mientras yo me quedo cuidando de los pollos.



Cuando el adulto está listo, Juan comienza las tareas de colocación o retirada del “logger”. Una vez terminado, me llega el turno de hacer la extracción de muestras de sangre al adulto y seguidamente a los pollos. Mientras Josabel ha tomado ya muestras de temperatura corporal de cada individuo. Jesús ha estado sujetando firmemente al adulto en todo momento.


Una vez terminado el proceso los pollos y el adulto son liberados en el nido, primero los pollos y seguidamente el adulto que inmediatamente retoma su labores de cuidado de las crías sin dilación.


Así con todos los individuos que tengan ese día cita con la ciencia. Mientras, el viento trata de quitarnos furtivamente nuestras pertenencias sin lograrlo. Todo está atado y bien atado. A veces la nieve se autoinvita y tenemos que bregar con ella. Dependiendo de como vaya la meteorología continuamos o iniciamos una prudente retirada hacia la base.

Llega el momento de parar a comer, es cuando cualquier promontorio, roca o pequeña depresión donde se reduzca la fuerza del viento se convierte en el lugar más plácido del planeta. Un fantástico caldo hecho en la base por el cocinero y que nos reconforta enormemente, algo de embutido, queso y una barrita energética constituye nuestro banquete que realmente se aprecia como si de una comida en un restaurante de dos estrellas Michelin se tratara. La fortuna algunas veces nos regala días más tranquilos en los que podemos comer sin prisa y disfrutando de un panorama inigualable, las colonias de pingüinos con su ajetreo, algún iceberg en el mar y un grupo de ballenas resoplando. El restaurante obtiene una estrella más entonces.


Los componentes de la campaña, de izquierda a derecha, Andrés Barbosa, Juan Masello, Jesús Benzal y Josabel Belliure

Continua el trabajo y llega el fin de la estancia en la pingüinera, toca comenzar el camino de vuelta con una intensa subida para abrir boca pero el resto con una suave pendiente de bajada que invita a concentrarse en la organización del trabajo al llegar a la base o del día siguiente y en muchas ocasiones sobre lo que se escribe en este blog. Al llegar a la base, toca un buen rato de procesado de muestras en el laboratorio dejándolas listas para congelar y así poder trasladarlas a España para los análisis.


Por fin nos unimos con el resto de compañeros en el salón a conversar sobre cuestiones diversas. Luego reunión de planificación entre todos para ver que se hará el día siguiente, algunos días charla de algún proyecto, cena y sobremesa hasta que poco a poco cada uno va dirigiendo sus pasos a los dormitorios. Algunas almas noctámbulas quedan pululando hasta que finalmente el silencio se adueña de todo y ya solo queda esperar a que la música suene de nuevo.

                                                     Charla de nuestro proyecto en la base

miércoles, 8 de febrero de 2017

Isla Decepción, continuando el trabajo

Escrito a bordo del Hespérides el 31 de enero de 2017

Nuestra segunda etapa de trabajo se ha desarrollado en la isla Decepción, fundamentalmente en la pingüinera de Vapour Col. 

                                                    Vista de la pingüinera de Vapour Col

Esta isla es un lugar muy especial de la Antártida, es un volcán todavía activo donde en diversas zonas pueden apreciarse los signos de esa actividad como es la existencia de lugares con fumarolas, con zonas de suelos calientes a 80ºC y con aguas calientes. 

                                                                      Fumarolas

Su fisiografía está dominada por estas señales volcánicas con diversos cráteres que contienen un lago en su interior, restos de coladas volcánicas y la continua presencia de piroclasto, es decir, restos de las cenizas volcánicas expulsadas por el volcán durante sus erupciones. 

                                                                 Vista del Crater Lake

Tanto es así que aquí en lugar de encontrar glaciares níveos como es habitual en el continente, lo que encontramos son glaciares negros donde cenizas y hielo se mezclan a veces a partes iguales. Es este paisaje el que le da esta peculiaridad característica que contrasta con el paisaje blanco típico de la Antártida y que atrae a ejércitos de turistas a estas tierras. Fruto de esta actividad volcánica la isla presenta una forma de herradura consecuencia del hundimiento de la caldera del volcán que generó una bahía interior navegable y abierta al exterior por los denominados Fuelles de Neptuno.

                                                                 Glaciar negro

                                                                    Fuelles de Neptuno

En la zona interna de la isla es donde se sitúan las bases, en la actualidad la española (Gabriel de Castilla) y la argentina (Decepción) y en el pasado reciente, chilena (Pedro Aguirre Cerda) y británica (Base B) ambas destruidas por una de las últimas erupciones. La isla ha sido también escenario de la presencia de una factoría ballenera noruega (Hektor) que estuvo activa hasta 1931 y donde se llegaban a cazar 10000 ballenas por año. Hoy afortunadamente solo queda el nombre que recuerda su existencia, Bahía Balleneros y los restos de parte de sus instalaciones.

                                                Base Antártica Española Gabriel de Castilla

                                                 Restos de la base B Británica

                                                   Restos de la estación ballenera Hektor

Desde el punto de vista faunístico, la isla es bastante pobre en comparación con las islas de los alrededores, no cría ningún mamífero marino aunque a finales de enero y durante febrero se concentran centenares de lobos marinos en las playas de la isla.


Las poblaciones de aves a excepción de los pingüinos no se pueden considerar de gran importancia aunque en la isla crían la gaviota cocinera, págalos o skuas, petrel damero, petrel de las tormentas  y cormorán antártico.


En el caso de los pingüinos, las circunstancias cambian, aunque solo cría una especie de pingüino en la isla, el pingüino barbijo, sus poblaciones son muy abundantes. En total existen 8 pingüineras, llegando  a tener una de las pingüineras más grandes de esta región con 50000 parejas. Nuestro trabajo se desarrolla en la pingüinera de Vapour Col con una población estimada de 20000 parejas.
Esta pingüinera se asienta sobre una base de cenizas volcánicas en la costa exterior de la isla y está formada por colonias de tamaño variable entre 700 y 20 parejas. Se puede considerar con un lugar excepcional ya que el 80% de lo que se conoce de la biología de esta especie se ha determinado por el trabajo de investigadores españoles en esta colonia. Recientemente se ha señalado una reducción del 36% de su población en la misma dirección y magnitud de lo reportado para otras colonias de la misma especie en la región. Esta reducción parece estar determinada por una menor abundancia de krill en el mar como consecuencia del cambio climático.


Es aquí donde hemos estado desarrollando nuestro trabajo en las últimas semanas y que ha consistido al igual que en Byers en la obtención de información sobre el comportamiento de alimentación, en este caso del pingüino barbijo, y como este comportamiento puede estar influido por las condiciones físicas de cada individuo (presencia de parásitos, enfermedades, contaminantes etc.) y a su vez como puede influir en dichas condiciones a través por ejemplo del estrés oxidativo. Para ello, también hemos equipado a estos pingüinos con dispositivos que llevan un GPS, un profundímetro, y acelerómetros que nos permite conocer los detalles de su viaje de alimentación, a donde han ido, cuanto han tardado, a que velocidad, que profundidad han alcanzado durante el buceo para obtener comida.  Estos individuos eran recapturados cinco días después para retirarles el dispositivo y descargar los datos y tomarles muestras de sangre que nos darán la información fisiológica necesaria para cumplir nuestros objetivos.


El trabajo se ha desarrollado adecuadamente y hemos conseguido cumplir una buena parte de los objetivos propuestos como era familiarizarnos con esta nueva tecnología, probar los dispositivos y obtener una información muy relevante que servirá para establecer comparaciones con otras especies de pingüinos, determinar los lugares de alimentación con vistas a examinar posibles interacciones con la actividad pesquera en la zona y obtener los primeros datos para completar la base necesaria para completar los objetivos propuestos.

Con esto, la primera parte del trabajo, la obtención de muestras y datos está cumplida, ahora nos queda el análisis de los mismos cuando lleguemos a España y empezar a planificar la campaña del año que viene, el tiempo pasa rápido.

domingo, 5 de febrero de 2017

Las bases antárticas

Escrito el dia 31 de enero de 2017 a bordo del Hespérides en algún lugar del Paso del Drake (o Mar de Hoces)

Nota: Las fotografías no necesariamente corresponden a la campaña 2016-2017

El tiempo pasa de prisa en la Antártida, hay muchos acontecimientos durante un día como para que las 24 horas no se te queden cortas. Por una parte mientras trabajas, el tiempo pasa rápido y parece que no hay tiempo suficiente para completar todas las actividades planificadas, por otra parte cuando uno echa la vista atrás y recuerda algún evento determinado parece que ha ocurrido hace mucho tiempo aunque haya sido solo una semana atrás. Todo este preámbulo es para decir que han pasado tres semanas desde que salimos de Byers el día 4 de enero y cuando escribo esto estoy embarcado en el Hespérides camino de Punta Arenas con la campaña de este año finalizada. No ha habido un momento con suficiente tiempo por delante para que me haya podido dedicar a seguir escribiendo este blog más que la entrada anterior. Así que ahora toca hacer algunas entradas recopilatorias de todo lo que hemos vivido durante nuestra estancia en la Base Gabriel de Castilla en la isla Decepción.

Base Antártica Española Gabriel de Castilla

La vida en una base es sustancialmente diferente de la vida en un campamento, las condiciones de vida son infinitamente mejores y el grupo humano bastante más numeroso. Hemos pasado de estar tres personas en el campamento Byers a alrededor de 40 en la base. Hemos pasado de dormir en una tienda de campaña a cero grados a dormir en un plácido dormitorio con una cama a más de 20 grados. Hemos pasado de no poder ducharnos a tener la posibilidad de ducha diaria, de comer comida congelada envasada al vacío a comer productos recién cocinados… Recomiendo si es posible la vivencia de estas dos realidades antárticas. La pregunta de cuál prefiero no tiene respuesta, sería como decir a quien quiero más a papá o a mamá. Cada una tiene sus características que la hacen especial e interesante.

La estructura de una base antártica en general es bastante común a todas ellas. Están formadas por un grupo de edificaciones cada una destinada a los distintos usos necesarios para mantener su actividad y asegurar que los trabajos científicos, razón de ser de su existencia, puedan realizarse con la mayor garantía posible. Su funcionalidad y distribución podría  equiparse a las partes del cuerpo humano.

                                                    Base Antártica Española Juan Carlos I

                                                     Base Antártica Rusa Belllingshausen

                                                  Base Antártica Argentina Primavera

El corazón de una base, es el compartimento o módulo de motores. Sin ellos no sería posible mantener operativa la base, necesitamos sobre todo la electricidad y el calor que generan para poder mantener un grado de confortabilidad suficiente. Su mantenimiento y cuidado se realiza con mimo y atención ya que es además uno de los lugares más susceptibles a que se produzca un incendio cuyas consecuencias en la Antártida pueden ser desastrosas y dramáticas.

El estómago de este ser viviente sería la zona de vida donde se sitúan la cocina y el salón-comedor. Dependiendo de la base pueden variar de tamaño y distribución, pero es ahí donde se reúnen todos los componentes de la base y donde se conversa e intercambian ideas, conocimientos y momentos inolvidables. En general es el espacio más amplio de la base y en muchas de ellas no faltan elementos de ocio como una biblioteca, pantalla para ver películas, futbolín, billar o mesa de ping-pong.

                                             Modulo de vida de la base Gabriel de Castilla

Los pulmones de la base podrían considerarse los dormitorios, que después de duras jornadas de trabajo permiten recobrar el resuello y renovar las fuerzas para enfrentarse al trabajo del día siguiente. Normalmente son espacios austeros en los que se aprovecha el espacio al máximo con varias literas y que en algunos casos recuerdan lejanamente al famoso camarote de los hermanos Marx.

                                                 Dormitorio de la base Gabriel de Castilla

El hígado y los riñones lo forman la zona de baños y duchas. Con la aglomeración típica de la base es el único lugar donde no se tiene a la vista a nadie.

                                                    Baños de la base Gabriel de Castilla

El bazo de una base antártica serían la enfermería que aportaría todo lo necesario para resolver en cuestiones de salud, desde una urgencia grave hasta un simple resfriado, y que nos da una gran tranquilidad durante nuestra estancia. También se puede considerar en esta categoría el módulo de taller que alberga todo el material necesario para realizar las mil y una reparaciones necesarias y que el personal de apoyo de una manera realmente eficaz acomete cada vez que es necesario, improvisando muchas veces sobre la marcha soluciones que resuelven situaciones aparentemente sin solución.

                                             Enfermería de la base Gabriel de Castilla

Las extremidades serían el módulo de navegación y montaña que dan la posibilidad de extender las actividades científicas más allá de las inmediaciones de la base y que forma parte de uno de los apoyos más directos a la actividad científica.


Los sentidos y la red neuronal de la base son las comunicaciones, son el nexo de unión de la base con el exterior, otras bases, barcos y con nuestra casa, y entre los habitantes de la base entre sí. Son de vital importancia para en caso de una urgencia que las actuaciones que haya que llevar a cabo se hagan rápidamente. Es norma de obligado cumplimiento salir de la base con un “walkie” para contactar en caso de necesidad.

Todo organismo tiene un sistema excretor que procesa y elimina los residuos. En una base este sistema se concentra alrededor de la planta incineradora y el punto limpio donde se hace una labor primordial para que nuestra presencia genere los mínimos impactos posibles. Toda la basura que se genera es separada según su naturaleza, compactada y enviada de vuelta a Sudamérica donde se depositará en lugares apropiados y otra parte es incinerada y las cenizas resultantes también son enviadas a Sudamérica. De esta manera la huella que dejamos en esta región será transitoria y desaparecerá a lo largo del tiempo.

         Base Gabriel de Castilla con la incineradora al fondo y una de las antenas de radio

La complejidad de las tareas que se desarrollan en la base exige de un lugar donde se almacenen los diversos tipos de materiales, comida, equipamientos etc. podríamos considerarlo el tejido adiposo de ese organismo imaginario. En esta campaña justo se esta construyendo uno nuevo que sustituirá al conjunto de contenedores que había hasta ahora.

La razón de ser de una base antártica es el apoyo a la ciencia que se realiza en ella. Esta es la principal actividad de la misma y la que permite que un país forme parte del selecto club que determina el futuro de este continente, es decir, que sea parte consultiva del Tratado Antártico. La mera presencia de un país sin realizar nada de ciencia no justificaría ni permitiría la pertenencia a este tratado, es por ello que los científicos estamos aquí. El modulo o módulos científicos podrían considerarse por tanto el cerebro de la base. Es aquí donde se alojan los equipos necesarios para llevar a cabo el procesado y análisis de muestras y datos y donde se van generando los primeros pasos de lo que en un futuro cercano será una publicación científica sobre cualquiera de los temas desarrollados por los distintos grupos de investigación. Es la culminación de lo que nos trae a científicos y personal de apoyo a la Antártida, desentrañar sus misterios y ampliar el conocimiento sobre su funcionamiento, su interacción con otras regiones del planeta y desvelar las amenazas que puedan cernirse sobre ella.

                             Vista del módulo científico (rojo) e iglús (laboratorio semi-húmedo)

                                                    Interior del iglú laboratorio sem-húmedo

                                                        Interior del módulo científico

Las bases por si solas no son nada sin las personas, cada parte de su anatomía está unida a una persona o grupo de personas que hacen que su función se desarrolle al máximo. En el caso de la base Gabriel de Castilla estas personas son la dotación del Ejército de Tierra y en la base Juan Carlos I los técnicos de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Todos ellos con sus respectivos jefes al frente hacen que nuestra labor pueda desarrollarse al máximo y que logremos llevar a cabo todos los objetivos que nos hemos marcado para la campaña.

lunes, 23 de enero de 2017

Machuque antártico

Escrito el dia 21 de enero de 2017

Aunque tenía previsto continuar las entradas del blog con la descripción del nuevo lugar donde estamos, la isla Decepción y la base Gabriel de Castilla, y con el trabajo que estamos desarrollando aquí, hemos vivido en estos dos días una situación que creo digna de merecer una entrada ya que sirve para reflejar en gran medida las circunstancias del trabajo que hacemos. El título lo anticipa, el machuque antártico.

                                                            Mapa de la isla Decepción

                                                               
                               Vista de la pingüinera de Vapour Col o Punta de la Descubierta

Dice el diccionario de la RAE que machucar es machacar y en el argot antártico, el machuque es el trabajo duro y en muchos casos con una recompensa más bien escasa o incluso nula. Es decir significa machacarse en el trabajo. En nuestro caso, no hay campaña sin machuque antártico y en esta hemos vivido la cara y la cruz entre ayer y hoy. En días de excesivo mal tiempo, vientos fuertes, de más de 45 km/h y temperaturas bajas con sensaciones térmicas de -15ºC, la decisión de ir o no a la pingüinera a trabajar es realmente complicada. El trayecto desde la base a la pingüinera es de casi una hora con un desnivel de subida y bajada de unos 150 metros de altitud y en algunos casos pendientes bastantes pronunciadas, sobre todo a la llegada como se puede ver en este perfil. 


Trayecto desde la base Gabriel de Castilla hasta la pingüinera

El collado por donde discurre el camino se encuentra los días de viento completamente desprotegido en muchos de sus tramos y en ocasiones es complicado poder caminar. Si a este panorama le añadimos una buena nevada, está claro que conviene acertar en la decisión de enfrentarse a esa situación considerando las 5 o 6 horas más de trabajo con condiciones similares que tenemos que emplear en la pingüinera.

                                      Vista del camino del collado con la bahía Foster al fondo
Tomar esa decisión no es fácil. Llegado el momento y como ocurre en los dibujos animados o en las marionetas, surgen encima de cada uno mis hombros un angelito y un demonio. El demonio dice,  -“a donde vais a ir con la que está cayendo, total, el trabajo se puede hacer otro día. Con lo a gusto que se está en la base calentito haciendo trabajo de gabinete y disfrutando de una buena comida”. El angelito sin embargo, apunta, “hay que trabajar que es a  lo que hemos venido, ¿te vas a echar para atrás por un poco de viento y unos copos de nieve? ¿Y si mañana realmente no se puede ir a la pingüinera? Los datos pueden entonces peligrar”. El angelito insiste muchas veces y he de decir que la mayoría de ellas acierta. En esos casos, vamos a la pingüinera, sufrimos condiciones muy incomodas de trabajo pero nos volvemos con los datos necesarios y con la misión cumplida. A esto se le llama un “día antártico de trabajo”.


Ayer fue uno de estos días, las previsiones meteorológicas eran bastante complicadas, vientos fuertes de más de 25 nudos (casi 50 km/h) y posibilidad de nevadas a última hora. Pero allá que fuimos dispuestos a recuperar uno de los animales a los que teníamos que quitar el dispositivo GPS que llevaba adosado desde hacía 5 días.  El pronóstico meteorológico daba que la situación se complicaría al día siguiente, por lo que decidimos capturar otros cinco individuos con sus dispositivos que tocaban ese día para asegurar su recuperación en vista de lo que se avecinaba. En la pingüinera, antes de comenzar la nevada, los vientos levantaban polvaredas de arena volcánica y las lanzaba sobre nosotros sin ninguna piedad recibiendo una verdadera lluvia de pequeñas piedrítas del tamaño de un perdigón. Así estuvimos trabajando varias horas recuperando uno tras otro cada individuo.
Tal y como estaba previsto llegó la nieve para acompañar al viento y nos quedaban dos pingüinos por capturar. Como todavía los copos que caían eran pocos y pequeños seguimos el trabajo, pero poco a poco a fue a más. Al llegar la captura del último individuo la nevada era ya copiosa y tomamos la decisión de, si el individuo se encontraba en el nido, quitarle el dispositivo y dejar para otro día la toma de muestras que normalmente acompaña a este procedimiento, extracción de sangre y toma de muestras microbiológicas y de temperatura, ya que las condiciones eran realmente malas y todavía teníamos una hora de camino de vuelta hasta la base. Puede que afortunadamente, o quizás no, el animal no estaba y por tanto rápidamente iniciamos la vuelta.


La caminata de vuelta fue “muy antártica” con bastante viento y nieve. Sensación térmica de -12ºC. Menos mal que tal y como dice un dicho que hace tiempo vi en el campamento Byers, no existe el mal tiempo sino la ropa inadecuada, y la que llevamos nosotros nos protege perfectamente de las inclemencias del tiempo como no podía ser de otra forma estando donde estamos. Poco a poco y a fuerza de luchar contra Eolo que cada vez parecía más molesto con nuestra presencia, llegamos sin novedad y con más del trabajo previsto realizado a la base. Cumplimos pues “un día de trabajo antártico”. Las condiciones fueron a peor pero ya en la base, a resguardo y con una buena cena después de realizar el procesado de muestras, nos deleitamos viendo desde el ventanal de la base como el suelo de cubría de blanco y los copos volaban horizontales al suelo.


El pronóstico decía que al día siguiente la situación mejoraría, el viento amainaría y las precipitaciones descenderían. Y así ha sido…en principio. Después de levantarnos y desayunar ha llegado el incómodo momento de decidir ¿Salimos? ¿A qué hora? Y comienza el baile angelito-demonio. Si, no, en un rato, más tarde… Angelito, demonio, angelito, demonio, angelito, demonio… Como casi siempre gana el angelito. El viento parece querer descansar, aunque todavía le queda fuerza para soplar a 15 nudos (unos 30 km/h) y ya no hay nada de precipitación después de que un manto de nieve haya impregnado la isla. Tenemos que recuperar el dispositivo que nos quedó ayer y revisar otro que nos tocará al día siguiente. Nos preparamos pues para salir. La caminata es más o menos llevadera, pero en el collado el viento comienza de nuevo a soplar con fuerza y comienza a llover. No es buena cosa. La ropa impermeable que llevamos aunque es muy resistente al agua tiene un límite y empezar el camino lloviendo implica llegar a la pingüinera algo húmedo y tener que continuar allí en esa situación varias horas. No obstante, el problema no es grande porque llevamos ropa de repuesto. Poco a poco nos acercamos hacia la bajada a la pingüinera, el viento arrecia y la lluvia se convierte en nieve. Mucho viento y nieve. Otra vez esa “situación antártica”. En medio de la ventisca nos disponemos a buscar a nuestro pingüino que esperamos sea fiel a nuestra cita y que podamos al menos retirarle el dispositivo. La recogida de muestras está descartada con este tiempo. Llegamos al nido en cuestión y… parece que el pingüino ha preferido pasar el tiempo en el mar y no está!!!



Viento fuerte y mucha nieve. La decisión está clara, nos volvemos a la base, no es una situación muy adecuada para sentarse unas horas a esperar a que el pingüino vuelva a alimentar a sus crías. La experiencia de haber venido a la pingüinera casi 400 veces nos sirve para valorar que es mejor retrasar o incluso perder un dato que tener una situación comprometida. Vamos caminando poco a poco, superando la primera gran subida que hay desde la pingüinera hasta el collado con el viento y la nieve dándonos de frente.


Seguimos avanzando, la ropa aguanta el tirón pero conviene llegar a la base y no entretenerse, suerte que si hay algún problema tenemos la base argentina en el camino. El collado nos recibe con más viento y comenzamos la lenta bajada. Llegamos a la base argentina, todo bien. Solo nos faltan 15 minutos de caminar por la playa. Parece que aquí casi no hay viento y la nieve deja de caer. Por fin, llegamos a la base, a nuestro iglú laboratorio, ya no hay viento ni nieve. Acabamos de vivir un día de machuque antártico, nos hemos esforzado mucho, nos hemos dado una paliza pero no ha servido para mucho. Si nos hubiésemos quedado en la base casi habría sido igual.

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Todas las campañas tienen su día de machuque antártico, días de mucho esfuerzo sin fruto, sin embargo, ese día se transforma en un día de disfrute de la realidad antártica, “la Atlántida es así” rezaba un antiguo dicho que corría por la base en los años 90. Nunca escuché a ningún “pingüinólogo” quejarse de un día de machuque. Al contrario, nos reafirma en nuestro trabajo y en saber que aunque podíamos haber tomado la decisión cómoda, hemos hecho lo que debíamos.